NORMALIZAR LA LUCHA

Desde pequeños nos maleducan en la sumisión haciéndonos normalizar la brutalidad de numerosas injusticias como algo inevitable que no debe ni escandalizar, como si no tuvieran solución ni unos culpables que nadan en la abundancia a su costa. Es el manido “fin de la historia” que pretende imponer el capitalismo que se vende indestructible. Así se sale tras tantos años encerrados en aulas sin conocer ni siquiera las experiencias de los Estados socialistas que no sólo marcaron el siglo pasado y supusieron importantes avances científicos, también demostraron que un sistema mucho más justo es posible.

Imaginemos que fuera trasladado aquí alguien que no conociera toda esta barbarie y hubiera vivido siempre en un lugar con una vida digna asegurada entre valores de camaradería. Quedaría desgarrado en shock al ver tanta miseria por las desigualdades abismales, la explotación, el precio de la vivienda y los desahucios, los ancianos abandonados y con pensiones de miseria, las masacres imperialistas y un largo etc. Porque no tendría normalizadas las injusticias sino todo lo contrario. Una de las grandes victorias de los capitalistas, clave en su dominación, ha sido acostumbrar a políticas que sólo benefician a una ínfima minoría y que se asuma con resignación la mentira de que no existe otra posibilidad. El individualismo que fomentan no sólo evita la percepción de que las injusticias pueden tocarte a ti si se permiten, también anula la empatía solidaria y si algo no te duele ni te indigna no vas a actuar para ponerle fin.

Para tal fin cuentan con incontables distracciones que facilitan mirar hacia otro lado y herramientas para normalizar la tiranía criminal. Así desde pequeños comemos mientras por la TV muestran el hambre ocultando las causas y acostumbrando a su terrible existencia.

De ahí que repriman ferozmente a quienes no nos limitamos a narrar la realidad sino que luchamos para transformarla y señalamos a los culpables. Eso crea conciencia rompiendo con la normalización y es lo que temen. Entonces también necesitan normalizar la represión para frenar una respuesta mayor. Cuentan con la gran ayuda de la falsa izquierda domesticada que blanquea la opresión llamándola democrática, criminalizando la lucha consecuente, permitiendo leyes represivas y siendo cómplice con su silencio e inacción. Este nivel de represión no podría imponerse tan fácilmente sin complicidades de todo tipo.

No podemos permitir que se normalice que un ejército de esbirros vulnere el derecho a manifestación sistemáticamente, que no haya verdaderas libertades políticas para los revolucionarios o que encarcelen por mostrar rechazo a su saqueo y a sus crímenes. Precisamente la represión constante busca eso: que se normalice. De ahí que lo que pasa aquí choque más en otros Estados con más libertades. Además saben que es más fácil que se normalice con un gobierno mal llamado progresista porque genera menos protesta que si la perpetúan quienes se reconocen de derechas maquillando menos el facherío.

No se puede interiorizar que las cosas gravísimas que están imponiendo son inevitables restándoles importancia. A veces hasta a los revolucionarios nos acostumbran a cosas que han de ponernos más las pilas para adelantar el día en que lo extraño sea no rabiar ante las injusticias pasando a la acción y lo que esté normalizado sea luchar.

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