NOS VA LA VIDA EN ELLO

Cada día 10 personas se suicidan en el Estado español. Un dato terrible que junto a tantos otros prueban que el “Estado del bienestar” es una gran falacia. Recientemente escuché al padre de una niña empujada al suicidio por falta de atención psicológica, calificarlos muy acertadamente como crímenes de Estado. Denunciaba que su hija estaba en una larga lista de espera para ser atendida meses después tratándose de una urgencia. Pero la pésima situación de la sanidad pública solo es la punta del iceberg. A esa grave carencia fruto de despiadadas políticas al servicio de la burguesía, se le suma la redundancia de que el principal motivo de los suicidios son los problemas económicos. Los niveles desesperantes de ansiedad, estrés y depresión que generan con el modo de vida que imponen están asesinando literalmente. Por no hablar de tantos problemas de salud derivados que acortan mucho la esperanza de vida y la calidad de esta. Por tanto, aunque hubiera una amplia atención psicológica no desaparecerían las causas. Un psicólogo no va a garantizar un trabajo en condiciones y poder vivir tranquilamente sin el acoso asfixiante de facturas tan elevadas. Hablar de los suicidios y de la seria infelicidad generalizada sin mencionar la culpabilidad del capitalismo, constituye una hipocresía repugnante a la altura del Gobierno.

Esta negación o enorme dificultad para acceder a necesidades básicas también provoca delincuencia y adicción a las drogas como falso escape ante una realidad tan dura. Entre las que se incluyen un alcoholismo muy extendido y medicamentos que lejos de abordar o hacer desaparecer el origen de los problemas, suponen otro gran negocio para quienes los crean. Las consecuencias de estas adicciones son alteraciones mentales que sumadas al resto de factores también conducen a muchos suicidios o accidentes mortales. Además de a la destrucción de tantas personas, muchas jóvenes que arrastrarán graves secuelas toda su existencia. Con casi un 50% de paro juvenil y sin oportunidades dignas, una gran parte cae en la evasión autodestructiva ante la falta de más referentes que muestren que a quienes hay que destruir es a los poderosos que les roban el presente y el futuro. Ya se encarga el Estado de que las calles estén llenas de droga y de fomentar la ignorancia no solo en su educación cuyo fin es crear explotadores o explotados sumisos. Hoy principalmente inyectan su ideología a través de series, influencias o artistas que incitan al pasotismo, al machismo y al consumo de drogas.

No es casualidad que esta degeneración haya ido en aumento ante el deterioro de las condiciones materiales de vida. Para evitar que el mayor descontento se canalice a través de la lucha para mejorarlas, invierten más en todo aquello que distrae y aleja de esta. Todo les vale para corromper y aniquilar el potencial revolucionario de una generación con poco que perder y mucho que ganar si combate. Karl Marx hablaba del opio de la religión para frenar la rebelión. Ahora los enemigos de la humanidad -y de la naturaleza como también señalaba Karl- cuentan con muchos más opios para sedar. Pero nosotros también disponemos de más herramientas para extender el mensaje que se opone a tanta decadencia. No queda otra opción que aprovecharlas bien para contrarrestar el constante bombardeo de influencias tan nocivas.

“Esto no es vida”, decía una madre de familia tras narrar como con la brutal subida de la luz aún les iba a costar más sobrevivir enfrentándose a un desahucio. Efectivamente, no es vida y los verdugos han de ser señalados por arrebatar la dignidad a tantas existencias. Fruto de ese temor sus grandes medios intensifican el blanqueamiento de politicuchos, humanizándolos para que se olviden sus políticas inhumanas y parezca que las injusticias brotan solas. En la basura de programas como “El Intermedio” o “El Hormiguero” dedican muchas horas con audiencias millonarias a presentarlos como simpáticos, cercanos y excelentes personas. A ninguno les mostrarán las tragedias cotidianas que ocasionan como las de la señora que cito, o algunas aún más criminales como los 700 trabajadores que cada año son empujados a la muerte con impunidad al ser obligados a trabajar sin seguridad. Saben que con el panorama que han dejado o los maquillan o los escraches en sus casas ya se estarían produciendo con más contundencia que hace escasos años. Cuando quienes quitan o arruinan millones de vidas, encima se hacían las víctimas porque en las suyas se quebraba brevemente la tranquilidad y mientras cenaban en sus lujosas casas les gritábamos su nombre: ¡Criminales!

En la lucha por el socialismo en Albania se popularizó una consigna que recordaba que “solo la lucha comunista garantizará una vida feliz y próspera’’. Porque al fin y al cabo los comunistas peleamos por eso y a veces lo recordamos poco. Cuando nos facilitaría sumar apoyos y desmontar las patrañas capitalistas que venden las experiencias socialistas como lo más gris y deprimente de la historia. ¿Quién no quiere ser feliz y rechazaría la plenitud de derechos imprescindibles para poder serlo? ¿Quién no querría que sus hijos crecieran en una sociedad sana con igualdad de oportunidades para desarrollarse? Pero para lograrlo primero hay que tener conciencia de quienes lo impiden y organizarse para trabajar por ello. Cuando se desconoce que otras vidas son posibles porque la revolución lo es y que de forma más inmediata se pueden conquistar mejoras, es normal que la falta de esperanza agudice la desesperación sin ver salidas. Sin embargo, cuando por ejemplo personas a las que van a desahuciar se unen junto a otras para defender el derecho a la vivienda, la tristeza encuentra un desahogo constructivo que fortalece. Así la lucha ha sacado a muchas personas del pozo y evitado aún más suicidios. Necesitamos mostrar que existe esa salida más allá del laberinto de distracciones y falsas promesas de los partidos del sistema.

No podemos esperar haciendo caso del “ahora no toca” que pregonan los oportunistas acomodados de todo pelaje. Si no pasamos a la acción la situación no hará más que empeorar. La desorganización y desmovilización imperantes están permitiendo que avancen aún más en el recorte de derechos y libertades. Ahora es el momento de luchar con determinación para conquistar el futuro. Nos va la vida en ello.

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